lunes, 11 de marzo de 2013

Ya está a la venta "200 discos de bolsillo"!!!!

Enlace de compra: quarentena.xopie.com/

Descripción

Este libro no es una simple lista de discos. Tomando como referencia 200 ep’s, singles, mini-álbumes o maquetas, el rescate de estas obras que en la actualidad han pasado a ser carne de cañón de cd’s con bonus tracks o recopilaciones interminables, sirve para analizar los tiempos dorados de la música independiente. Enmarcadas entre 1977-91, durante estos años de ruptura con las tradiciones los formatos pequeños vivirán un estado de fascinante bonanza creativa. Ejemplo perfecto de todo lo que estaba ocurriendo, esta selección también nos sirve para adentrarnos en el nacimiento de las más diversas corrientes musicales - post-punk, shoegaze, noise, hardcore, synth-pop, post-rock - y en la vital influencia de sellos discográficos como Postcard, Rough Trade y Cherry Red. De todo esto y mucho más nos habla Marcos Gendre a lo largo de este estimulante viaje en primera clase a una época que cada día está más presente en la música del siglo XXI.

sábado, 9 de marzo de 2013

200 DISCOS DE BOLSILLO: 1977-91 UNA HISTORIA ALTERNATIVA EN FORMATO PEQUEÑO

Tic, Tac,Tic, Tac...No lo olvides, un día menos en el calendario y podrás disfrutar de más razones para poder llenar tu discoteca de nuevos tesoros. Para seguir abriendo boca, aquí tenéis otro listado de bandas que podréis remememorar o descubrir entre las páginas del libro: Einstürzende Neubaten, The June Brides, The Wolfhounds, Stereolab, DNA, Teenage Jesus and the Jerks, Earth, Nurse with Wound, Soft Cell, Fad Gadget, The Weirdos, Camper Van Beethoven, Violent Femmmes, Magazine, Echo & the Bunnymen, Morrisey, Asphalt Ribbons, American Music Club, Superchunk, Yo la Tengo, Big Black, The Jesus Lizard y un buen lote más. !Si hasta Mark E. Smith te lo recomienda!

viernes, 8 de marzo de 2013

200 DISCOS DE BOLSILLO: 1977-91 UNA HISTORIA ALTERNATIVA EN FORMATO PEQUEÑO

La semana que viene sale a la calle mi primer libro, "200 Discos de bolsillo: 1977-91 una historia alternativa en formato pequeño". Idea sacada de la misma sección de este blog, hago un recorrido por la edad de oro de la música independiente, recorriendo del punk a los orígenes del post-rock mediante una selección de 200 ep's y singles, correspondientes a otras tantas bandas emblemáticas o a reivindicar de aquellos años. Fugazi -en la foto-, Swans, Billy Bragg, The Clash, Mars, Sonic Youth, The Undertones, Eyeless in Gaza, Unrest, Half Japanese, Beat happening, Mission of Burma, Wipers, Prefab Sprout, The Associates, Spacemen 3, Wire, My Bloody Valentine, Kitchens of Distinction, The Pop Group,John Foxx, Suicide y muchos más protagonistas de un época irrepetible, a través de unas obras demasiado olvidadas.

sábado, 12 de enero de 2013

HIMNOS EN LA NEVERA: Scratch Acid "Cannibal"


Sacrosanto montículo del post-hardcore ochentero. Amiguitos del Sr Albini. Y vaya si se nota...

LA DISTORSIÓN INTELIGENTE: Scratch Acid



Coces de hiena
Surgidos en desde los aires desérticos de Austin, Texas, Scratch Acid fueron un providencial   borrador de los posteriores The Jesus Lizard. Muchos más que una semilla de su proyecto más conocido, los tejanos comienzan a dar sus primeros pasos en 1982 mediante una primera alineación en la que aún no aparece el indomable David Yow como frontman.
Despegando definitivamente el día que Steve Anderson deja el grupo para embarcarse en una sorprendente aventura por el mainstrain más maloliente como director musical en las giras de Kilie Minogue, entre otras desfachateces, en su lugar, Scratch Acid encontrarán a Yow como su bestial  cabeza de león.
En la línea de los grupos de Chicago, como Big Black y Naked Raygun, Scratch Acid suenan más amenazantes que reivindicativos con esa frialdad rítmica de espectro industrial. Una conexión que les daría impulso para pasar su rodillo de punk-noise por diferentes ramas de los orígenes del rock del pasado, por medio de los que dejan su sello a cal y fuego a través de su debut homónimo en 1984: A ritmo de blues lacerante - “Mess” -; de rockabilly mugriento - “Monsters” -; bajo ondas de Metal enfermo en “El espectro” y “She Said”; y envueltos entre capas de cuerdas sintetizadas - “Owner’s Lament” -, Scratch Acid dejan claro que su discurso no se limita a la monotemática estilística preponderante en la mayoría de combos punk. Un discurso que queda reflejado en un debut que suena a todo menos a disco primerizo.
Las diferentes formas que le dan a sus cañonazos de rock atómico, junto al carisma intimidante de David Yow - un animal revolcándose entre espasmos de ruido sin correa - ponían a los tejanos oliendo el rastro de excelencia de Hüsker Dü o Minor Threat. Una grandeza que pronto perdería lustre el día que publican su primer largo, “Just Keep Eating” (1986).
Decepción en toda regla, Scratch Acid se equivocan en todas las decisiones tomadas en este álbum. Ya sin rastro del sonido mecanizado de su primer disco, empachados del pulso asilvestrado de The Birtday Party y sin la capacidad para mutar de piel como en el anterior. “Just Keep Easting es un disco fallido, viniendo de quien viene, y en el que llegan a recordar a los peores Faith No More - “Albino slug” -. Aun así, podemos sentir el vértigo de antaño a través de momentos como el funk desfigurado que propulsa “Cheese plug”; el punk caníbal en “Eyeball”; la carnicería sangrienta de “Big bone lick” y el psychobilly alucinado de “Damned for all time”. Cuatro momentos que dejaban un halo de esperanzas para el futuro y salvan de las quema a este paso en falso.
Tras “Just Keep Eating”, Yow, David Wim Simms, Bret Bradford y Rey Washam dejan Rabid Cat, sello discográfico del que nunca recibieron un dólar, para fichar por Touch & Go. Cambio hacia una casa que sabe ver su gran potencial, Scratch Acid aprovecha la ocasión para volver a los pastos inspirados de su debut con “Berserker” (1987), un ep compuesto con media docena de salvajadas en las que acentúan el peso del Metal, eliminan rastros de rockabilly y recuperan la dinámica imparable de su base rítmica. Sin llegar a los niveles de “Scratch Acid” (1984), aun así, recuperan el crédito con un disco notable y hasta se cuelan en el número siete de las listas independientes británicas.
Aprovechando su mayor reconocimiento fuera de los límites americanos, Yow y compañía se embarcan en una gira por Europa desde la que, cansados de vicisitudes, en Mayo de 1987 anuncia una retirada, que más bien será temporal.
Tras echar el telón a Scratch Acid, Simms y Washam forman Rapeman con Steve Albini, Bradford se desliga del trayecto de sus compañeros y Yow se dedica a esperar a los dos primeros para dar vida a The Jesus Lizard. Una banda tan continuista que el cambio de nombre original del grupo debió de obedecer a un simple capricho de sus integrantes. Ya a raíz de esta nueva aventura, Yow y los suyos conseguirán transcender en la escena post-hardcore de los ’90 con la fuerza de un elefante con sobredosis de Micebrina. Pero eso ya es otra historia, más grande.

miércoles, 17 de octubre de 2012

RADIOGRAFÍAS: Family


Family: El mito
El culto más justificado de estas dos últimas décadas dentro del pop español, Family fue un dúo formado por Javier Aramburu e Iñaki Gametxogoikoetxea. Juntos desde 1983 mediante el grupo La Insidia, compartido junto al periodista Ricardo Aldarondo, no llegarían a publicar ningún disco durante su lustro de vida. Claramente influenciados por Décima Víctima en sus comienzos, en 1989 Javier e Iñaki pegan un cambio de rumbo bajo un nuevo nombre: El Joven Lagarto. En esta mutación se acompañan por la vital producción de Javier Pez - Parafunk -, junto al que grabarán una maqueta acústica con todos los cortes que darán vida al posterior “Un Soplo en el Corazón” (1993). En esta primera prueba física de su música ya se dan la mayoría de las claves de lo que hará de Family uno de los grandes grupos de la historia: Ecos de New Order, la influencia de Las Aventuras de Kirlian y una habilidad asombrosa por trazar melodías de una sensibilidad subyugante se convertirán en los mimbres a través del que su leyenda cogerá verdadera forma con su maqueta, “Octubre 1991”. Ya como Family, conocen a Fangoria quienes, quedando gratamente sorprendidos con su música de terciopelo, deciden llevárselos de teloneros en su gira de 1992, grabar a medias el single el single homenaje a Décima Víctima “El signo de la cruz” y prestarles su estudio de grabación, desde el que en 1993 nacerá su único disco: “Un Soplo en el Corazón”.
Ríos de tinta han corrido sobre este disco. Siempre adjetivada de la mejor manera posible, el álbum de Family lo que realmente necesitaría es un diccionario paralelo repleto de vocablos inventados con significaciones más generosas de lo habitual. Todo por acercarse a su imposible descripción en palabras mediante las que en los próximos párrafos intentaré desentrañar el misterio, que siempre irradia el arte en estado puro, provocado por artilugios tan excepcionales como éste.
Como dos androides con corazón infiltrados entre la especie humana haciendo informes sobre el comportamiento, miedos, recuerdos, amores y sueños de ésta, Javier e Iñaki encuentran la clave secreta de la “perfección” en catorce giros maestros, que destilan las pequeñas y grandes decisiones de la vida, y ante los que es imposible no sentirse identificado en alguno de ellos.
Tantas canciones como clásicos, escoger las más destacadas entre este semillero de pop, filtrado por los caminos más embriagadores de la epidermis, se hace solo decisión personal de quien lo escuche: la ruptura de “Yo te perdí una tarde de Abril”; el doloroso viaje de “El Mapa” ´- esta parece sacada de “Un Hombre Solo” (1984), el clásico de Décima Víctima -; el escapismo de “Viaje a los sueños polares”; el amor platónico de “Al otro lado”. No hay ser en este planeta que no haya pasado por alguna de las situaciones descritas por el tono neutro de la hiper fibrosa voz de Javier. Y aquí está precisamente la grandeza de esta obra atemporal a la altura de lo mejor de mitos como Vainica Doble y Surfin Bichos: El provocar al oyente a encontrarse más cerca de sí mismo, mejor.
Estamos delante de un disco que no solo consigue emocionar durante su embriagador trayecto, sino que también actúa como medicina del corazón y voz interior que ayuda a alimentar una melancolía sana, esperanzadora. Melancolía que se instala en los recovecos más evocadores del subconsciente, rescatando momentos del diario personalizado de cada uno de los que los escuchan.
Disueltos al poco tiempo de tamaño esfuerzo, nadie sabe exactamente las razones de una desaparición tan misteriosa como el secreto de su música. Después de haber construido el faro guía del pop español, la leyenda no había hecho más que echar a rodar.


Con un legado reducido a un único lp de título sacado en honor a la reveladora película de Louis Malle, “Un Soplo en el Corazón” tuvo una trascendencia que no ha dejado de crecer desde el feliz día que salió a la calle. Mejor disco de los ’90 y uno de los veinte mejores del siglo según la Rockdelux, este clásico fue profeta en su tierra, siendo uno de los rastros más distinguibles de la plana mayor del “Donosti Sound” - La Buena Vida, Le Mans -. Además de su evidente influencia en este género musical, su huella vital provocaría obras tan sorprendentes como “El Artista Adolescente” (2001) de Dar Ful Ful, algo así como su hermano pequeño. Inspirador de otros discos tan importantes como el “Popemas” (2000) de Nosotrash, “Impermeabilizado” (2001) de Carlos Berlanga o parte del discurso musical de Klaus & Kinski y La Bien Querida, el mito de Family no ha dejado de crecer y crecer desde que pusieron punto y final a una de las carreras más cortas e intensas del pop español y con la que incluso acabarían por superar en logros artísticos a Décima Víctima, su máxima inspiración.
Para certificar todo esto, no se me ocurre mejor manera que recordar el disco homenaje hecho por 14 artistas distintos interpretando cada uno de sus canciones. Bandas tan significativas como Los Planetas, Chucho, Parade y Astrud participarían en el mismo volviendo a aumentar el mono por una posible reunión que se ha hecho tan esperada como la de My Bloody Valentine a nivel internacional.
Disueltos al poco tiempo de la publicación de su único lp, nadie sabe exactamente las razones de una desaparición tan misteriosa como el secreto de su música.
Mientras esperamos lo imposible, Javier sigue con su trabajo como diseñador de portadas más respetado de nuestro país y a Iñaki Gametxogoikoetxea ya no se le encuentra ni con un GPS de última generación. Una pena, de las grandes, y más teniendo en cuento el enorme vacío imposible de llenar que dejaron. Pero bueno, el único consuelo que nos queda es saber que cualquier intento por igualar esta obra inmortal siempre sería fallido. Mientras pensamos esto, que mejor que seguir arropándonos con canciones como “Nadadora” y “Martín se ha ido para siempre” para pasar este permanente mal trago.

publicado en www.indie-spain.com/

HIMNOS EN LA NEVERA: Los Claveles "Nacional 42"



"Historias de extrarradio", Los Claveles dan con este postal de pop chulesco las claves de su corpus musical, uno de los más sustanciosos a las orillas de la meseta.

domingo, 14 de octubre de 2012

IBERIA EMERGIDA: Los Claveles "Mesetario"


Si hace unas semanas relatábamos las bondades expuestas por Prisma en Llamas y Atomizador, dos bandas procedentes desde la capital de España, ahora le llega el turno a Los Claveles, otra muestra de la plaga de talento con la que últimamente nos están contaminando desde el subsuelo madrileño.
Reponiéndose a la trágica muerte de su batería, Sergio Grulla, surge “Mesetario” como el mejor tributo posible a su persona. Un tratado irresistible de pop, punk y post-punk a través del que conviven en perfecta armonía salivazos de gusto anglosajón: a lo buzzcocks - “La Pena Negra” y “Unidad de Quemados” -; radiografías de los Talking Heads - “Acertijo” - y los Joy Division más terrenales - “Estafas” - junto a ecos de lo más granado del legado musical patrio, como Surfin’ Bichos - “Relicario” -; Loquillo y los Trogloditas - “La Ruta Destroy” - y Alaska y los Pegamoides - “Mesetario” -. Inevitables muestras del ADN por el que desprenden su discurso musical, lo mejor del caso, es que la autenticidad y sencillez con la que lo ejecutan hace que se diluyan en volutas de humo sus evidentes referentes. A esto, también ayuda la personalidad con la que retumba el bajo metronómico de Santos y los punteos agridulces y desenfadados que se escapan de la guitarra Marcos, filtrándose en la piel como una calcomonía indeleble.
Tema aparte ya son las letras, de las que no se olvidan ni a guantazo limpio. Revelador el tratado de la actualidad que desprenden bombas con la mecha gorda de “Estafas” o “Santos el Suave”, esta última es para escuchar con el orinal a mano, por si las moscas: Retratos de una España de extrarradio, perfilados con un humor de retorcido costumbrismo, codificado a través de la rutina vital de una juventud desencantada pero completamente integrada en el desolador panorama actual, de ese que no sale en los telediarios y ridiculizan en Callejeros, y más negro que el bigote de Aznar. Con Marcos como maestro de ceremonias, y su voz de colega de litrona, las canciones de Los Claveles transmiten una plena identificación con su mensaje que no es, precisamente, agradable, como suele decirse en casos donde uno consigue sentirse hermanado con lo escuchado. Y esto es bueno, y necesario, para los tiempos que corren. Ellos lo saben, y lo han clavado en once sobresalientes giros que se bifurcan por la carretera que bordea los barrios de esas ciudades dormitorio donde la vida transluce a través de las arrugas de sus “mesetarios”, sin papeles, camellos, poligoneros y ancianos, viejos y jóvenes.
Culminación de cuatro años repletos de genio, “Mesetario” certifica todo lo mostrado en sus anteriores publicaciones en formato pequeño - “Nacional 42” y “Tanatorio”, ambos de 2010 y “Los Claveles” (2009) -, depurando el encantador lo-fi destartalado de éstas y elevándolos al nivel de una de las propuestas más importantes de la actualidad.
Solo nos queda esperar que Marcos y Santos consigan salir adelante y hacer que Los Claveles no se quede en el mito gracias a nuevos discos que, visto lo visto, los vamos a necesitar, y mucho.
Publicado en elenanorabioso.com

martes, 25 de septiembre de 2012

HIMNOS EN LA NEVERA: Dinosaur Jr "Just like heaven"


Pero que bueno era el cabrón de Mascis! ¿La mejor versión de la historia? Una de ellas, seguro. La magia pop luminosa de Robert Smith fagocitada por un riff Luciferiano que marca la frontera entre un volcan de magma calcinado y el sueño de los hermosos vencidos. Toma flipa-dura!!

VERSUS: Bob Mould "Silver Ages" / Dinosaur Jr "I Bet on Sky"

Hola Frikis, indies y demás especies amantes del auténtico rugido. Desde hoy comienza una nueva sección con la idea confrontar discos que en su momento provocaron diferentes posturas entre las hordas melómanas. Historias de egos, odios, superación, no se me ocurre mejor manera que visualizar la crónica del pop a través de los sentimientos más primarios: los que realmente levantan pasiones.

Para abrir boca, que mejor que echar un vistazo a nuestro alrededor y proponer un duelo que significa, en la actualidad, el reencuentro entre dos viejos conocidos con tres décadas de carreras paralelas a sus espaldas llenas de relámpagos, más buenos que malos. A disfrutarlo toca.

Mitos inconfundibles del underground americano de los ’80, J. Mascis y Bob Mould vuelven al ruedo para hacer verídico el dicho de “Los viejos rockeros nunca mueren”
Mal anda el patio del noise-rock cuando la hornada más sobresaliente de los últimos años casi se reduce a los prometedores Yuck y Cloud Nothings,  más los tremendos No Age. Chungo, la verdad. Menos mal que contamos con dos tipos como Mould y Mascis con tres décadas de experiencia a sus espaldas, y ante los que paso del tiempo solo les viene a recordar que los michelines van apretando y dentro de poco se tendrán que comprar el Grecian 2000 para las canas.
Como si se tratase de un duelo en la cumbre, parece que Mascis y Mould se han puesto de acuerdo hasta en la salida de sus nuevos Lps con solo un margen de dos semanas de diferencia. De esta manera, y desde dinámicas totalmente opuestas, Mascis viene propulsado por el hecho de haber sacado dos de los mejores discos de su carrera, a raíz de su sorprendente renacimiento con Dinosaur Jr - “Beyond” (2007) y “Farm” (2009) -, mientras Mould toma un nuevo giro cambiando de discográfica y apoyándose en su brillante pasado mediante la reedición de toda su obra con Sugar y una necesaria biografía sobre su figura.
Haciendo un repaso de sus últimos logros, cualquiera con dos dedos de frente apostaría por el genio de Massachusetts. Sin embargo, con lo que pocos contaban a estas alturas de la película es que a Mould le sentara tan bien haber superado el medio siglo de vida.
Sin nada que demostrar, y solo teniendo que hacer lo que lo pide el cuerpo, Mould debe ir con un subidón de narices para plantarse en su debut con Merge records y ensamblar su disco más inspirado, directo y agresivo desde su sobresaliente Lp homónimo de 1996. Como si se hubiera tomado un chupito de mala hostia, Mould se impulsa en una poderosa base rítmica formada por Jason Narducy - Telekinesis - y Jon Wurster - Superchunk - y afila en piedra pómez los demoledores riffs provenientes de su guitarra, dando con algunos de los momentos más sembrados de su discografía en solitario - “Silver age”, “First time joy” y sobre todo la impresionante “The Descent” -.
Fusionando, como solo él sabe hacerlo, melodías azucaradas llenas de brío con un torbellino incontrolable de escaladas eléctricas, Mould no llega en “Silver age” a la altura de sus obras maestras con Hüsker Dü y Sugar. Lo que si consigue, es que volvamos a confiar en su habilidad para sacarse de la chistera himnos de power-pop como los que lleva fabricando a granel desde hace más de un cuarto de siglo, ya sea solo o acompañado. Y eso es mucho, muchísimo.
Desde la otra punta del antiguo Olimpo underground, Mascis, Barlow y Murph han conseguido hacer otro disco de esos que contagian la falta de pretensiones provocada por el buen recibimiento que tendrán, sí o sí, mientras recuerden mínimamente a su glorioso pasado reciente.  Tanta relajación esta vez no es que les haya jugado una mala pasada, pero si que a partir del arrollador binomio - “Don’t pretend you didn’t know” y el single “Watch The Corners” - que inaugurá “I Bet on Sky” empiezan a caer en la redundancia de sus patrones sonoros para provocarnos un poco la sensación de conocer lo que va a pasar en cada momento.
 Un viaje que no por conocido deja de  ser excitante, a lo largo de éste Mascis vuelve a gustarse sacando petróleo de sus dedos mágicos, siendo capaz de arreglar cualquier tipo de entuerto que se acerque peligrosamente al sopor - “I know it oh so well” y “See i ton your side”. Tirando de su molde de medio tiempo de corte “Crazy horse”, Mascis deja que Barlow le imprima una marcha más en “Rude” y “Recognition”, dos de los mejores momento de todo el lote, para llegar al Notable raspado.
Después de diez asaltos a hostia limpia, la decisión unánime es que “I Bet On Sky” pierde a los puntos ante lo nuevo de Bob Mould pero no decepciona, lo cual ya es suficiente. Porque, seamos sinceros, tanto en un caso como en el otro, nadie ya se espera un nuevo “Bug” (1988) ni un “New Day Rising” (1985) que vuelva a dejarnos con los pies un palmo por encima del suelo. Para eso, mejor aprovechar que están de gira, que es lo que realmente interesa: Regresar  al tembleque y los puños cerrados mientras nos pellizcamos cuando regresan del pasado “Freak Scene”, “Chartered Trips” o “I aplogize” a dejarnos la patata haciendo el pino. Y que nadie me hable de nostalgia, por favor.