Mostrando entradas con la etiqueta La distorsión inteligente. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La distorsión inteligente. Mostrar todas las entradas

sábado, 12 de enero de 2013

LA DISTORSIÓN INTELIGENTE: Scratch Acid



Coces de hiena
Surgidos en desde los aires desérticos de Austin, Texas, Scratch Acid fueron un providencial   borrador de los posteriores The Jesus Lizard. Muchos más que una semilla de su proyecto más conocido, los tejanos comienzan a dar sus primeros pasos en 1982 mediante una primera alineación en la que aún no aparece el indomable David Yow como frontman.
Despegando definitivamente el día que Steve Anderson deja el grupo para embarcarse en una sorprendente aventura por el mainstrain más maloliente como director musical en las giras de Kilie Minogue, entre otras desfachateces, en su lugar, Scratch Acid encontrarán a Yow como su bestial  cabeza de león.
En la línea de los grupos de Chicago, como Big Black y Naked Raygun, Scratch Acid suenan más amenazantes que reivindicativos con esa frialdad rítmica de espectro industrial. Una conexión que les daría impulso para pasar su rodillo de punk-noise por diferentes ramas de los orígenes del rock del pasado, por medio de los que dejan su sello a cal y fuego a través de su debut homónimo en 1984: A ritmo de blues lacerante - “Mess” -; de rockabilly mugriento - “Monsters” -; bajo ondas de Metal enfermo en “El espectro” y “She Said”; y envueltos entre capas de cuerdas sintetizadas - “Owner’s Lament” -, Scratch Acid dejan claro que su discurso no se limita a la monotemática estilística preponderante en la mayoría de combos punk. Un discurso que queda reflejado en un debut que suena a todo menos a disco primerizo.
Las diferentes formas que le dan a sus cañonazos de rock atómico, junto al carisma intimidante de David Yow - un animal revolcándose entre espasmos de ruido sin correa - ponían a los tejanos oliendo el rastro de excelencia de Hüsker Dü o Minor Threat. Una grandeza que pronto perdería lustre el día que publican su primer largo, “Just Keep Eating” (1986).
Decepción en toda regla, Scratch Acid se equivocan en todas las decisiones tomadas en este álbum. Ya sin rastro del sonido mecanizado de su primer disco, empachados del pulso asilvestrado de The Birtday Party y sin la capacidad para mutar de piel como en el anterior. “Just Keep Easting es un disco fallido, viniendo de quien viene, y en el que llegan a recordar a los peores Faith No More - “Albino slug” -. Aun así, podemos sentir el vértigo de antaño a través de momentos como el funk desfigurado que propulsa “Cheese plug”; el punk caníbal en “Eyeball”; la carnicería sangrienta de “Big bone lick” y el psychobilly alucinado de “Damned for all time”. Cuatro momentos que dejaban un halo de esperanzas para el futuro y salvan de las quema a este paso en falso.
Tras “Just Keep Eating”, Yow, David Wim Simms, Bret Bradford y Rey Washam dejan Rabid Cat, sello discográfico del que nunca recibieron un dólar, para fichar por Touch & Go. Cambio hacia una casa que sabe ver su gran potencial, Scratch Acid aprovecha la ocasión para volver a los pastos inspirados de su debut con “Berserker” (1987), un ep compuesto con media docena de salvajadas en las que acentúan el peso del Metal, eliminan rastros de rockabilly y recuperan la dinámica imparable de su base rítmica. Sin llegar a los niveles de “Scratch Acid” (1984), aun así, recuperan el crédito con un disco notable y hasta se cuelan en el número siete de las listas independientes británicas.
Aprovechando su mayor reconocimiento fuera de los límites americanos, Yow y compañía se embarcan en una gira por Europa desde la que, cansados de vicisitudes, en Mayo de 1987 anuncia una retirada, que más bien será temporal.
Tras echar el telón a Scratch Acid, Simms y Washam forman Rapeman con Steve Albini, Bradford se desliga del trayecto de sus compañeros y Yow se dedica a esperar a los dos primeros para dar vida a The Jesus Lizard. Una banda tan continuista que el cambio de nombre original del grupo debió de obedecer a un simple capricho de sus integrantes. Ya a raíz de esta nueva aventura, Yow y los suyos conseguirán transcender en la escena post-hardcore de los ’90 con la fuerza de un elefante con sobredosis de Micebrina. Pero eso ya es otra historia, más grande.

viernes, 3 de agosto de 2012

LA DISTORSIÓN INTELIGENTE: Rodan





Furia de secano
Formación clave para entender la evolución del post-hardcore, Rodan ha escrito alguna de las páginas más grandes, en letra pequeña, de la historia del rock de las últimas dos décadas. Siempre recordados por haber parido “Rusty” (1994), el hermano gruñón del enorme “Spiderland” (1991) de Slint, este sería el único álbum surgido de la feliz unión,  por el talento crispado, de Jason Noble, Jeff Mueller, Tara Jane O’Neill y Kevin Coultas. Un hecho crucial, ante el que es de recibo  ponernos en antecedentes para intentar comprender la verdadera dimensión de esta formidable banda de culto.

Surgidos en Lousville, Kentucky, podemos considerar a Rodan como una de las tres formaciones claves de post-hardcore surgidas en esta ciudad - las otras dos son los imprescindibles Slint y Squirrel Bait -, más recordada por ser la metrópolis de Muhammed Ali que por ser uno de los centros neurálgicos del post-hardcore americano entre finales de los ’80 y comienzos de los ’90. Precisame nte, tal como boxeaba Ali, sorteando y bailando alrededor del contrincante esperando el momento perfecto para inocular una picadura mortal, así es como sonaban estos cuatro arquitectos de atmósferas de electricidad, compleja, rugosa y palpitante.
Formados en 1992, Rodan toma como modelo ineludible “Spiderland”,  convirtiéndose en la  continuación natural de Slint, al prolongar sus enseñanzas mediante una activación de una variante más agresiva, y menos oscura, del mismo, aunque siempre dentro de las mismas coordenadas  de sonido angular propuestas en este clásico del post-hardcore.
Con solo tres años de vida (1992-95) Rodan tuvo tiempo, antes de dejar su huella marcada a fuego vivo en las páginas más gloriosas del post-hardcore, de un modélico aprendizaje, que suena a todo menos a periodo de pruebas. Debutando con el temazo “Darjeeling”, en el genial recopilatorio The Machines: Simple Machines 7"s (1990–1993) Simple Machines Records (1994), Rodan muestra la primera prueba fehaciente de su enorme potencial.
Tras este primer alto en el camino, Rodan toman un impulso imparable con el que, para empezar, dan vida al single “How the Winter Was Passed” (1993), genial muestra de las dos vertientes más relevantes de este combo de excepción: La urgencia asilvestrada  - “Milk and Melancholy” - y la  escalonada tensión instrumental - “Exoesqueleton” -. Sustancioso aperitivo antes de cotas mayores, “How the Winter Was Passed” es el preámbulo a “Aviary” (1993), cassette autoproducido en la que, entre su docena de cortes, se encuentra una primera versión de los temas que conforman el posterior “Rusty”.
Después de llegar “Aviary” a las manos de los propietarios de Quaterstick, se produce el salto definitivo de Rodan, fichando por esta subsidiaria de la mítica  casa independiente Touch&Go, quienes les proporcionan a Bob “Rusty” Weston - bajista de Volcano suns y Shellac - como providencial ingeniero de sonido para llevar a cabo su siguiente grabación. De este, Rodan tomará su apodo, “Rusty”, para dar título a su obra magna.
Como una tormenta de arena ácida en el desierto, así suenan los cuarenta minutos, condensados en las apenas media docena de piezas, que conforman “Rusty”. Una continua mutación de desarrollos, por donde las guitarras calcinadas de Noble y Mueller van provocando indisimulados fogonazos hirientes, guiados por el milimétrico regulador de intensidad manejado desde la rocosa base rítmica compuesta por O’Neil y Coultas. Todo este entramado instrumental, queda, perfectamente, complementado gracias a las voces exasperadas de Noble, Mueller y O’Neil, quienes pasan del recitado mascado al grito más desaforado con la facilidad del que va a buscar huevos a una pollería.
Uno de los momentazos impepinables de la historia del post-hardcore, “Rusty”, al igual que “Spiderland”, también tiende un lazo hacia el emergente “post-rock” - cuño utilizado por el prestigioso crítico británico Simon Reynolds, el mismo año de la publicación de “Rusty”, para calificar el “Hex” de Bark Psychosis - en  su creación de nubes instrumentales compuestas por capas de densidad, a distintos niveles, perpetrando texturas que buscan más aturdir por sus ecuaciones matemáticas del ritmo, que por una simple exposición de origen punk. En el caso de Rodan, se dan estas características, con un plus de nervio y arrebato que le sienta de maravilla a  trallazos como “Shiner” y “Tooth Fairy Retribution Manifesto”. Desde esta patente sonora, Rodan pasan  de la calma más orgánica al zarpazo más lacerante,  pudiendo sonar tan hipnóticos - “Bible Siver Corner” - como  tempestuosos - “Gauge” -, alcanzando la fusión perfecta, de estas dos caras  de la misma moneda, en los inolvidables doce minutos “The Everyday World of Bodies”, pináculo del grupo americano, a la altura de los mejores momentos  de los dioses del post-hardcore - Big Black, Fugazi, Shellac -. Poca broma.
Ante tal demostración de facultades, Rodan decidiría disgregarse en las diferentes bifurcaciones marcadas por los proyectos musicales generados por sus integrantes. Nuevos proyectos  que hacen ver a Rodan como una semilla, y no como un punto y final, de bandas tan grandes como June of 44, Rachel’s, Retsin, The Sonora Pine, The Shipping News y la propia Tara Jane O’Neill en solitario. Ramificaciones de una historia que aún sigue muy viva, y que se merece un apartado aparte.
Ya para terminar, solo citar la importancia del sello Quaterstick, siempre auspiciando a Rodan, y a todos sus hijos pequeños - menos Retsin -. Sello discográfico que, por otra parte, se beneficiaría, en grado sumo, de todos estos grupos que conforman la sección más suculenta de todo su catálogo, con un encomiable salto de categoría.
Discos recomendados: LP “Rusty” (1994) Quaterstick












publicado en www.elenanorabioso.com/